pero los ojos del soñador no necesitan estar abiertos, ya que ellos lo están a un amplio estado de conciencia.
Y para el ciego, para el muerto en vida, el soñador no es más que un iluso con nula materia gris y demasiadas pretensiones, dispuesto a vivir una aventura que cree pintoresca mientras la desconoce. He ahí toda su mirada "lógica".
Para el soñador, serlo significa identificarse como alma inquieta y a la vez vaga; significa ser victima y victimario de ese mismo contraste.
Ser soñador implica no ser soñado en esencia. Ser así no es más que esperar esa mañana en la que los colores están mas vivos que ayer, en la que cada sonido es la música mas hermosa y los sentimientos son el dolor y el placer más grande en simultaneo.
Significa que la vida te deje solo en la madrugada y tomar eso como un regalo.
A veces, es ser un solitario. A veces.
El soñador se entiende como artista en sus adentros. Es un alquimista de lo invisible, un silencioso domador de ideas.
Ser así es desvelarse por una idea, ir a buscar un café y a la vuelta haberla perdido.
El soñador era un frustrado antes de ser artista.
Es comprender la realidad y nuestra ficción como un todo. Es torturarse buscando una perfección inexistente.
Un horizonte que se aleja de nosotros.
Es ofenderse con el consejo vacío de quien jamás se permitió soñar.
Es no entender el mundo tal como está, y tampoco entenderse a uno mismo.
Ser soñador es preguntarse si uno está satisfecho para pensarlo un rato elástico, eterno. Y el artista sabrá que es la tristeza más alegre o la alegría más triste.
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